viernes, 19 de diciembre de 2008

El Cainejo. Historias de Héroes

Gregorio Pérez, conocido por “el Cainejo”, pastor de profesión y a fuerza de costumbre de andar por la peña se convirtió en un experto trepador.



El 5 de agosto de 1904, Pedro Pidal y Gregorio Pérez ("el cainejo") escalaron y llegaron por vez primera a la cumbre del Naranjo de Bulnes. Habían estudiado todas las rutas posibles y consideraron que la única por la que era posible subir era por la cara norte. En años precedentes ya se habían realizado varias escaladas a otras cimas de los Picos de Europa, incluso más altas, pero más sencillas y menos espectaculares que el gran monolito que es el Pico Urriellu. Entre los alpinistas que visitaban por aquellas fechas el Pico había varios extranjeros, por lo que Pedro Pidal decició que tenía que escalarlo, para que un español fuera el primero en llegar a su cima. Pedro Pidal eligió para su escalada a Gregorio Pérez, un trabajador del campo y cazador de rebecos.


El cainejo tomó la iniciativa de la escalada, y descalzo, iba subiendo a la vez que aseguraba a su compañero de escalada con una cuerda de pita que este último había comprado en Londres. Quizás la peligrosa niebla que suele aparecer por estos lugares fue el mayor aliado para la cordada, puesto que se pierde el miedo al no saber que es lo que hay bajo los pies. El paso más comprometido que se encontraron fue la "panza de burra", que superaron con un paso de hombros. Se puede considerar una escalada asombrosa, ya que con los medios que contaban eran mínimos y eso hace valorar aun más la escalada de los pioneros del Naranjo de Bulnes.


A Pedro lo bajaba Gregorio con la cuerda, esto hace que el Cainejo bajara con mucha dificultad. En el paso más delicado, cómo no podía destrepar, anudo la cuerda, la empotro con piedras a un canalizo y destrepó por ella hasta donde estaba Pedro Pidal. Después cortaron la cuerda, para quedarse con el resto.
Dos años más tarde un alemán (Gustavo Schulze) escala por una ruta variante de la Pidal-Cainejo, en solitario y hace cumbre. Hasta 1916 no se vuelve a escalar y es Víctor Martínez el que escala la Pidal-Cainejo, recogiendo en el descenso el pedazo de cuerda que 12 años atrás habían dejado Pedro y Gregorio.

El cainejo se casó y tuvo tres hijos y dos hijas. Esta familia es el ejemplo palpable de la desgracia, pues los tres varones murieron, uno de un disparo, otro despeñado y otro en un barco. Su suegra murió despeñada en la canal de Recidroño cuando iba a coger tila. Uno de los yernos, Domingo Gao, también se despeñó, así como el padre de este, un hermano y dos de sus hijos. El propio Gregorio Pérez murió a los 59 años de edad, victima de las lesiones que le produjo el ataque de un castrón de su propiedad cuando se encontraba en algún lugar de la peña con sus cabras.


A principios de siglo, uno de los científicos que vinieron a los Picos para estudiar la zona dijo: “los cainejos no se mueren, se despeñan", ya que gran cantidad de los habitantes de Caín morían de esta forma por las condiciones extremas en las que tenían que hacer las labores como la recogida de la hierba, pastoreo, caza, etc. por terrenos escarpados y de díficil acceso, donde los aludes, los desprendimientos de rocas, riadas eran habituales. Tanto que en una ocasión se despeñó un pastor, entonces subieron tres vecinos a por el cadáver, cuando intentaron descender por el sedo de Mesones, uno de ellos dio un traspiés y el voluminoso fardo se desplazó arrastrando a los tres porteadores al abismo donde perdieron la vida.