lunes, 24 de noviembre de 2008

Arquitectura Tradicional Carandiella

Uno de los elementos que forman la identidad de nuestro pueblo (aparte de Peña Redonda...) es su arquitectura tradicional montañesa.

Esos paredones de piedra, hoy ya muy reformados, que daban cobijo a multitud de vecinos como mostoliellas, sapos y ratones.
Esas cortes donde se metían a las cabras y a las vacas, siempre llenas de trastos, yugos, carros, guadañas... donde jugábamos a las "escondidiellas".
Las portaladas, esos "porches" desde las cuales veíamos la lluvia caer sobre los chopos de la fuente mientras comiamos una buena torta untada con nocilla.
La casas "techadas", que seguramente en la década de los 7o fueron cayendo, pero que todavía podemos ver en alguna fotografía y nos recuerdan esa esencia atlantica que siempre han tenido estas montañas.
El hórreo que aún se mantiene, un tanto escondido, pero a la vez protegido, y que debería ser nuestro emblema, puesto que es el único original del municipio puesto que en Horcadas ya no queda ninguno y los de Riaño han sido reconstruidos tras el anegamiento del valle.
Los corredores, tan intimamente ligados a los corredores cántabros, que todavía adornan algunas calles de Carande...
La iglesia, esa iglesia decapitada que aún sigue mirando al Gilbo cada mañana y que tantas generaciones ha visto sentadas en su pórtico.
El toril, donde se guardaba al toro que veíamos desde esa ventanuca con bastante miedo, y que ahora va a pasar a ser la casa del pueblo, es decir, nuestro propio ayuntamiento.
Las tenadas, esas cómodas alfombras de pajas donde muchas parejas aprendieron a besar...
O las escuelas... ese pedazo de edificio símbolo de la política de enseñanza que tanto caracterizó a los montañeses de esta zona y que tantos curas y maestros ha dado al mundo.
También es importante recordar a ese chozo pastoril que, si mal no recuerdo, había en el colláo el baile y se dejó caer (¿por qué?), mientras que el chozo de Risosa fué sabiamente recuperado y acondicionado por Horcadas.

En fin, tantas cosas que ahí siguen pero que no son eternas y tenemos el deber de protegerlas y, por lo menos, crear un inventario de ellas.