martes, 11 de noviembre de 2008

A vueltas con el tema...

Carande, y por lo tanto Riaño, causó en mí, desde el primer instante en que mi memoria puede recordar, un impacto sentimental que no he podido superar en estos veintitrés años. Casi los años que nos separan de aquel verano de 1987 en que todo sucumbió a la ignorancia y a la excavadora.

Realmente es curioso, que, a pesar de no ser natal de este valle (soy de otro que también ha sufrido bastante la obsesión estatal del cemento y fango en el río), a pesar de no haber vivido de forma constante entre estas montañas, y a pesar de muchas otros elementos que mucha gente utiliza para “nacionalizar” su tierra, desde siempre he sentido un deber de defensa de esta comarca tan machacada y destrozada por las administraciones (locales, provinciales, autonómicas y estatales). Y es el tema del pantano algo que se repite en mi mente desde hace bastantes años.

Recuerdo mis primeros veranos en Carande. Como cualquier guaje jugando al futbol, dando paseos por el monte, cogiendo renacuajos y tirando con el tirachinas. Pero siempre hubo algo que me desconcertó. ¿Qué hacía ahí esa enorme masa de agua? ¿De dónde salía? ¿Por qué se había hecho? ¿Qué había debajo del agua? ¿Dónde estaba la gente que vivía ahí?. Para un niño de siete años todo lo que hay en el mundo es porque llevar muchísimo tiempo ahí, y da por naturales todas las cosas que se presentan a su alrededor, una montaña, una casa, un río, una iglesia… Pero el pantano era algo reciente en las bocas de mis familiares y no comprendía como tanta agua podía almacenarse ahí tan rápidamente (supongo que siempre comparaba al pantano con un lago o un pequeño mar).
Desde siempre oí hablar a mi familia de Riaño viejo, de Pedrosa, de las truchas del pozo los peñones, de Salio… desde siempre oí hablar de una realidad que solo ellos podían ver. Yo solamente podía ver agua y me tenía que imaginar en mi mente todos esos lugares de los que hablaban. Yo, que era todavía muy niño para saber cómo se hace un pantano, no paraba de preguntar a mi padre si la gente de Riaño viejo había tenido tiempo de marchar antes de que el agua llegase, si había muerto alguien, si ellos un día llegaron a Carande y vieron el agua casi por debajo de casa, así, sin más… Todo era un mar de preguntas. Me parecía algo antinatural, ilógico, lo del pantano.
Me acuerdo que jugábamos al futbol por debajo del pueblo y que un verano tuvimos que hacer otro campo más arriba, donde el cementerio, porque el pantano había subido (Yo no sabía que el pantano estaba realmente “naciendo” y colándose en todos los valles de alrededor). Y creó que fue en ese momento cuando me pregunté seriamente quién era ese que decía cuando el pantano subía y bajaba, quién era la persona que ordenaba al agua inundar prados verdes para que luego en otoño bajase otra vez el agua y quedaran prados secos, infértiles.
Recuerdo que sobre finales de los 90 cayó en mis manos un libro llamado “Riaño Vivo”, que mis padres tenían guardado junto con otros libros de León. Me pareció una enciclopedia de respuestas a todas esas preguntas que me había estado realizando durante toda esa década y nadie me supo contestar (ahora sé que mucha gente no quiere ni recordar). Me estudié el libro a conciencia y además comencé a leer todo lo relacionado con Riaño. Recuerdo especialmente un enorme cuadro que había colocado en la entrada de la biblioteca estatal de León, era una fotografía enorme de Riaño Viejo en blanco y negro. La había visto mil veces antes, pero un día, de repente, me quede absorto mirándola. Mirando al Gilbo, mirando al Yordas, mirando a ese pueblo que no sabía (aún) porque extraños motivos ya no podía ver cada vez que iba a Carande.
La belleza de Riaño viejo y su valle me cautivó, me hipnotizó, se puede decir que me enamoré de él. Un amor imposible, realmente.
A la par de que iba adentrándome en los entresijos de la construcción del pantano de Riaño, fui comprobando de que ese valle no fue el único en tener tan trágico destino. Luna, Vegamián, Bárcena, Villameca… valles leoneses arrasados, lagos artificiales surgían de la nada, y los pueblos que antes cultivaron durante generaciones esos prados parecían desaparecer en el tiempo y en el espacio, y ya nadie quería volver a saber nada más de ellos. ¿Qué mal habían hecho al mundo para recibir tal ejecución?
Me acuerdo que cada vez que descubría una verdad sobre la verdadera historia de injustica y crueldad del pantano, una lágrima se deslizaba por mi almohada, y solo una imagen aparecía en mi mente, Carande, aquel pueblo que parecía haber sobrevivido ( por unos poco metros) a tan espantoso holocausto. Y ahora sé el significado que tantos autores y gente anónima ha dicho sobre Riaño: “Y las lágrimas cubrieron el valle…”
He crecido con el pantano, tenemos casi la misma edad, no conocí lo anterior nada más que por videos, fotos y letras, pero, cada vez que atravieso el puente, no veo algo hermoso como mucha gente ve, veo la misma cara de la muerte, veo el horror, la desolación, la violación más repugnante hacia la naturaleza.
Ahora, después de años dándole vueltas al tema, cansando a la gente de mi alrededor con preguntas que realmente ya sabía… sinceramente, daría lo que se me pidiese si alguien me ofreciera la oportunidad de estar en ese valle durante un mísero minuto. La verdad, es que sería el mayor logro de mi vida. Porque, como ya he dicho antes, lo mío es un amor imposible, y cuando uno está enamorado no razona bien.

2 comentarios:

agustín lasai rodríguez dijo...

Hola Alejandro:
Emocionantes palabras que comparto contigo con la diferencia de que yo tenía tu edad cuando llegaron las excavadoras. Ahora, 22 años despues sigo enamorado de mi tierra y pienso que ahora más que nunca, tenemos la razón y debemos luchar por ella.
RIAÑO VIVE
Unabrazo amigo

Alejandro Díez dijo...

Gracias Agustín. Ya sabes que desde este pueblo que por suerte Endesa nos ha dejado (hay que recordar en todo momento que estas montañas no son de los montañeses, sino del gobierno y de las eléctricas, faltaria más!) siempre habrá gente defendiendo la justicia y la recuperación de tu amado pueblo.
Un saludo.
RIAÑO VIVE
VADINIA RESISTE